La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Ceuta sale al paso de la información publicada hoy que vincula la apertura de una cancela en el recinto aduanero del Tarajal con la percepción de que “la frontera estaba abierta” durante la entrada masiva del pasado 30 de julio. Esta asociación quiere dejar constancia, con hechos y sin matices, de que aquella decisión fue necesaria, legítima y acertada, y de que gracias a ella hoy no se lamentan víctimas mortales.

Unas imágenes que aparecen dos meses y medio después

A esta asociación le sorprende que estas imágenes vean la luz ahora, más de dos meses y medio después de los hechos, y que lo hagan con un enfoque que pone en cuestión precisamente a quienes evitaron una tragedia. AUGC Ceuta mantuvo en su momento una posición de prudencia y no quiso pronunciarse mientras no se difundieran imágenes ni versiones parciales de lo ocurrido. Ahora que se publican, considera obligado salir en defensa de los guardias civiles.

Una cancela en territorio español, no un paso fronterizo

Conviene precisar el escenario para evitar interpretaciones erróneas. La cancela a la que se refiere la información no forma parte de la línea fronteriza ni es un elemento de contención fronterizo. Se encuentra en territorio español, a unos 200 metros del espigón del Tarajal, en paralelo al arenal cerrado al público por razones de seguridad.

Esa cancela da salida a un recinto aduanero donde antiguamente se despachaba el pescado autorizado por Sanidad Exterior procedente de Marruecos, un espacio que hoy alberga dependencias oficiales y se utiliza como aparcamiento de vehículos oficiales y particulares. Es decir, la cancela separaba un recinto español de otro recinto español.

Quienes se encontraban en su interior ya habían superado la línea fronteriza y estaban en territorio nacional. Por tanto, en ese punto no cabía aplicar la figura del rechazo en frontera prevista en la disposición adicional décima de la Ley Orgánica 4/2000, concebida para quienes son detectados en la línea fronteriza mientras intentan superar los elementos de contención. Mantener cerrada esa cancela no impedía ninguna entrada en España: solo encerraba a cientos de personas en un espacio sin salida.

Una decisión que correspondía a la Guardia Civil

La Ley Orgánica 2/1986, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, atribuye a la Guardia Civil la custodia de costas, fronteras, puertos y aeropuertos. La decisión sobre cómo gestionar aquella situación en ese punto correspondía, por tanto, a la Guardia Civil, y fue la Guardia Civil quien la tomó, conforme a sus competencias y a su responsabilidad sobre la seguridad del recinto y de las personas que se encontraban en él.

Una decisión para evitar muertes

En el interior del recinto se acumulaba una masa creciente de personas que empezaba a trepar por la propia cancela y por los muros para salir. La presión humana iba en aumento y el riesgo de aplastamiento era real e inminente. Cualquier profesional del control de masas lo sabe: cuando una multitud queda atrapada contra un obstáculo, la única forma de evitar una tragedia es darle una vía de salida controlada.

Eso es exactamente lo que hicieron los guardias civiles. Abrir la cancela alivió la presión sobre las personas atrapadas y sobre los propios compañeros, que estaban siendo desbordados, y permitió canalizar el flujo en lugar de convertir el recinto en una trampa. Sin esa decisión, hoy estaríamos hablando de cientos de fallecidos.

Actuación impecable en lo operativo y en lo humano

AUGC Ceuta quiere reconocer públicamente a los guardias civiles que estuvieron ese día en el Tarajal, a sus mandos y al personal de operaciones. Actuaron con sentido común, con proporcionalidad y con la prioridad que debe guiar siempre a cualquier agente de la autoridad: proteger la vida. Lo hicieron, además, en inferioridad numérica, tras una semana de presión continua y sin los refuerzos que la situación exigía.

El problema no fue una cancela, fue la falta de planificación

Si aquel día alguien interpretó que la frontera estaba abierta, no fue por una cancela situada a 200 metros dentro de territorio español. Fue porque Marruecos no cerró su lado, porque los avisos previos no se tradujeron en medios suficientes y porque nadie, desde arriba, decidió cómo debía actuarse ante una presión que se veía venir. Pretender trasladar esa responsabilidad a los agentes que evitaron una tragedia es injusto y no se ajusta a la realidad.

Respetamos plenamente la investigación judicial en curso en la Audiencia Nacional y confiamos en que esclarezca las responsabilidades de quienes debían planificar y no lo hicieron. 


No vamos a permitir que la sombra de la duda recaiga sobre quienes, aquel 30 de julio, hicieron lo correcto. Abrieron una cancela. Salvaron vidas.