Menos, peor pagados y con menos derechos. Somos el patito feo, la cenicienta de la seguridad. Así define el secretario general de la Asociación Unificada de Guardias Civiles, Alberto Moya, la cara oculta del cuerpo, a cuyos agentes quiere sacar a la calle para denunciar que son los peor tratados por el Gobierno.
Las cifras lo avalan, según comenta Moya en una entrevista con Efe, en la que asegura que los agentes han retrocedido 20 años en derechos y en condiciones laborales, lo que está teniendo consecuencias incluso dramáticas, como que cada 26 días se suicide un guardia civil. Un tasa cinco veces más alta que la media hasta ahora.
Un retroceso que, según sus palabras, se ha acentuado con el Gobierno del PP y la llegada al Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz. Los guardias civiles y los policías no nos merecemos este jefe, apostilla.
El máximo responsable de la asociación mayoritaria del instituto armado cree que la reunión del ministro con el expresidente de Bankia Rodrigo Rato el pasado 29 de julio en su despacho es el colofón a una trayectoria absolutamente nefasta, durante la que se ha dedicado a bendecir cuarteles, a condecorar imágenes religiosas, a acceder a investigaciones e, incluso, a atascarlas.
A la AUGC le preocupa que la institución más valorada por los ciudadanos, según certifica el CIS, sea la peor tratada por el Gobierno y ha puesto en marcha una campaña en las redes sociales para denunciar la cara oculta del cuerpo, a la que sucederá una asamblea en otoño para decidir qué movilizaciones llevarán a cabo, entre ellas salir a la calle aun arriesgándonos a sanciones muy duras.
Peor salario que la Policía, reparto arbitrario del complemento de productividad, una jornada laboral no regulada, la ausencia de una normativa de riesgos laborales y, en definitiva, un estatuto profesional muy anticuado describen, según Moya, la situación de los agentes, a los que se suma la aplicación del Código Penal Militar y de otras normativas de las Fuerzas Armadas.
Opina el secretario de AUGC que esta situación no llega a la sociedad porque se coartan los mecanismos de expresión. Como ejemplo, cita los expedientes abiertos contra toda la junta directiva de su asociación por el director general del cuerpo, Arsenio Fernández de Mesa, a quien acusa de vender humo después de escuchar su lamentable intervención del miércoles en el Congreso.
Insiste Moya en las inexactitudes y contradicciones de esa comparecencia, en la que el director negó que se persiga al movimiento asociativo cuando sólo en la AUGC llevamos en esta legislatura 55 expedientes disciplinarios.
Realmente es muy difícil trasladar a la sociedad una situación cuando el propio sistema trata de ser endogámico y todo se resuelve en casa, resalta el líder de una asociación que seguirá demandando en los tribunales europeos convertirse en sindicato, un tipo de organización prohibido para la Guardia Civil.
Como seguirá reivindicando la no aplicación del Código Militar en el cuerpo. A su juicio, al PP le viene bien tener un cuerpo policial militarizado intermedio entre la policía civil y el ejército por su temor a las convulsiones sociales. Mientras, el PSOE se ha puesto de perfil en este asunto, aunque AUGC confía en que este partido retome la senda de defensa de los derechos de los guardias.
No ha observado la AUGC ningún avance en esta legislatura- en la que se han perdido 5.000 agentes- respecto a las reivindicaciones de los trabajadores del cuerpo, que sigue siendo el patito feo de la seguridad, con menos sueldo, menos derechos y menos de todo.
Bastan, añade Moya, algunos ejemplos como la dotación de chalecos antibalas para los guardias civiles, muy por debajo de la Policía y cuyo déficit hace casi heroico afrontar los nuevos retos en seguridad, como la lucha contra el terrorismo yihadista.
Junto al déficit de plantilla, la asociación denuncia la mala organización interna y, así, la AUGC afirma que aunque la ratio de policía en España por mil habitantes es la más alta de Europa, con 4,59, en el área de seguridad ciudadana de la Guardia Civil es de uno por mil.
Solo tienes que pasar por un pueblo y buscar el cuartel de la Guardia Civil. Te lo vas a encontrar cerrado seguro. Y eso es debido a la mala organización, manifiesta Moya.
Todo ello ha llevado a la AUGC a preparar un otoño caliente porque, según su secretario general, a los derechos no se les puede poner puertas. Los derechos están para ejercerlos.