Ante la información publicada hoy por un medio de comunicación en la que anuncia que el Gobierno en funciones destinará 200 guardias civiles más, procedentes de la promoción de 2016, a la seguridad de las centrales nucleares en España, AUGC quiere recordar una vez más la carencia de medios y de personal que padece la Guardia Civil.

Tras el anuncio del Gobierno hace dos semanas de la convocatoria de 1.799 nuevas plazas para ingresar a la Guardia Civil, AUGC ya expresó su decepción por su escaso número, muy inferior al de las convocadas para la Policía Nacional (2.740).

Se trata de un problema que además repercute en los propios guardias civiles que siguen esperando que se resuelvan sus solicitudes de traslado a destinos cercanos a sus lugares de origen. Ahora, con el destino de 200 de los nuevos agentes a la protección de las centrales nucleares, este problema se hace aún más acuciante.

Por otra parte, al restarse esos dos centenares de guardias civiles a otros cometidos, nos encontramos con que la carencia de personal en los cuarteles por la falta de reposición continuará agravándose. En la actualidad son numerosos los cuarteles inoperativos, con horarios reducidos o directamente cerrados. O patrullas que deben completarse con guardias civiles destinados en distintas localidades.

A esta grave falta de medios humanos se une la deficiente y obsoleta organización territorial de la Guardia Civil, más propia del siglo XIX que del XXI, articulada en torno a cuarteles sin apenas medios materiales ni humanos situados en pequeñas localidades. AUGC lleva años proponiendo una reorganización de la Guardia Civil en torno a instalaciones centralizadas con un potencial adecuado para dar servicio a todo un territorio. Sin embargo, la esclerótica mirada de la institución sigue apostando por un modelo absolutamente caduco e ineficaz en el que prima más la “presencialidad” que la eficacia.

En este sentido, AUGC debe reiterar una vez más la falta de medios materiales para que los guardias civiles puedan desarrollar su trabajo. La falta de chalecos antibalas individuales y coches oficiales con más de 400.000 kilómetros son sólo dos ejemplos de esta precariedad. Y esto en una situación de alerta antiterrorista de nivel 4. Mientras tanto, la Guardia Civil sigue derrochando el dinero en fastos, como el celebrado recientemente en Logroño con motivo de la entrega de una bandera por parte del Ayuntamiento de esta ciudad