José Ricardo Alejos Fernández no quiere entrevistas. “Yo sólo hago mi trabajo”, explica para tratar de escabullirse de las preguntas del periodista. Su determinación, en este caso, no le sirve de nada. Porque su trabajo, el pasado jueves 7 de enero, sirvió para salvar una vida, la de un chico de trece años que se había caído con su bicicleta al Canal de Castilla, en el término municipal de la localidad palentina de Dueñas. De este modo, este guardia civil perteneciente al Subsector de Tráfico de Palencia, con 30 años de servicio, se ha convertido sin pretenderlo en uno de los primeros héroes del año, y no precisamente por accidente. Al menos, eso sí, consigue eludir las fotografías.

José Ricardo estaba de servicio junto a otros dos compañeros en un todoterreno cuando escucharon el aviso. “Allí nos juntamos tres patrullas, un total de siete guardias civiles. El chaval estaba bajo un puente viejo, agarrado a la piedra con los dedos, sólo con la cabeza fuera del agua –recuerda. Cuando vi que no era posible sacarlo con la correa le dije a los compañeros que pusieran a tope la calefacción en los coches, me quité la ropa y me metí en el agua a por él”.

La operación no duró más de tres minutos, calcula: “No pensé en el frío, sino en entrar al canal con calma para evitar tropezar o caerme y crear así una situación aún peor que la que había. Nadé hasta el chico con idea de pasarle la correa de rescate por detrás, pero cuando llegué hasta él comprobé que no reaccionaba, estaba como ido, así que lo cogí con la pechera y nadé con el otro brazo hasta la orilla, como hacen los socorristas”.

Cuando ambos salieron del agua ya les estaba esperando fuera una ambulancia del Servicio de Emergencias de Castilla y León 112. El menor presentaba un leve estado de hipotermia, pero la rápida acción del guardia civil le había salvado. “No me lo pensé, porque la situación era crítica. El chico no respondía, estaba paralizado por el frío, y podía soltarse del puente y hundirse de un momento a otro. No podíamos esperar a que llegasen los bomberos”, recuerda el agente.

José Ricardo reconoce que aún no le ha oído pronunciar palabra al muchacho que rescató. “Estaba en estado de shock. Sí me han dicho que la madre quiere contactar conmigo. Pero yo sólo quiero dejar claro que me limité a hacer mi trabajo. Así es como yo concibo el mío, al menos. Porque hay gente que vive de su trabajo, y otros ‘viven’ su trabajo”.

Un espíritu solidario que José Ricardo traslada a su implicación en la lucha por la defensa de los intereses de su colectivo laboral. No en vano este afiliado de AUGC ya entró en contacto con la lucha por los derechos laborales de los guardias civiles desde los lejanos tiempos de Coproper, "desde que en el año 90 estuve destinado en Barcelona”, recuerda. "Está claro que la labor de las asociaciones ha mejorado nuestras condiciones de trabajo", asegura.

Hoy, menos de una semana después de su valiente acción, José Ricardo sólo quiere tranquilidad para seguir haciendo lo suyo. No ha parado ni un día, pese a tener vacaciones pendientes. Al final de la conversación se permite, eso sí, una justificada expresión de satisfacción por el reconocimiento alcanzado por su acción, “porque a los de Tráfico siempre se nos mira con recelo”.