Una vez más se ha demostrado la falta de consideración y sensibilidad con la que este Gobierno trata a los guardias civiles y a los policías nacionales, unos profesionales que en su tarea diaria asumen unos riesgos que, lejos de ser reconocidos por sus responsables como correspondería, se minusvaloran buscando a precio de ganga un seguro de accidentes en acto de servicio.
Esta racanería ha desembocado en que la Secretaría de Estado de Seguridad haya tenido que declarar desierto el concurso convocado para cubrir este riesgo al no recibir ninguna oferta para ello. El precio presupuestado de esta póliza era de 570.000 euros, cantidad que en el sector consideran muy ajustada para la protección que se solicita, según fuentes del mercado.
De esta manera, el Ministerio del Interior debe ahora tratar de resolver esta chapuza con las prisas que exige la finalización del seguro que Axa mantiene con este colectivo hasta el próximo día 31 de octubre, momento en el que se inicia una prórroga de tres meses que terminará el 31 de diciembre de 2015.
Ahora, a contrarreloj, la Administración deberá buscar la fórmula, probablemente convocando un nuevo concurso con otro presupuesto, que permita contar con un seguro de accidentes para el próximo año.
Nos encontramos, por lo tanto, ante una situación rocambolesca que revela la escasa valoración que hace el Gobierno del riesgo que asumen con su trabajo los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Resulta ciertamente desmoralizador comprobar que los responsables de los agentes busquen para su seguridad y la de sus familias ofertas del ‘todo a cien’.
Una línea de menosprecio que tampoco nos sorprende, dado que se refiere a unos trabajadores que, en muchos casos, deben hacer su labor sobre vehículos con 400.000 kilómetros o sin chalecos antibalas. En cambio, para fastos, como el desfile celebrado el pasado fin de semana en Málaga, siempre hay dinero para derrochar.