Conviene recordar en qué condiciones se está prestando ese servicio.
Hablamos de compañeros que han pasado semanas enteras sin apenas descanso; sin posibilidad de solicitar vacaciones, permisos o licencias; muchos de ellos participando en tareas de rescate y, en los peores momentos, en la recuperación de cuerpos sin vida en el mar. Hablamos de unidades que trabajan a diario contra las mafias que organizan y lucran con este drama humanitario, tanto en las entradas a la costa ceutí como en los traslados posteriores hacia la península. Hablamos de agentes y de militares que en las últimas semanas han sufrido agresiones mientras cumplían con su servicio. Y hablamos, en definitiva, de una situación que se mantiene desde hace más de un mes con un nivel de exigencia que no tiene comparación con el servicio ordinario.
En ese contexto, los turnos de doce horas en tierra y de veinticuatro horas representan el escalón de mayor desgaste físico de todo el dispositivo. Por eso pedimos que, exactamente igual que ocurrió tras la DANA de 2024, la Dirección General tenga presente esta circunstancia a la hora de fijar el incremento de la gratificación extraordinaria, reconociendo de forma proporcional el esfuerzo añadido de quienes sostienen los turnos más largos.