Ceuta ha vuelto a sumar, en menos de veinticuatro horas, dos nuevas agresiones a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de las Fuerzas Armadas. Dos episodios distintos, con dos cuerpos distintos implicados, que comparten una misma característica: ya no son la excepción. Son lo que ocurre cada día en la frontera sur.
Dos guardias civiles agredidos durante un apoyo en labores de identificación
El 11 de septiembre, sobre las 12:45 horas, una patrulla de la Guardia Civil, comisionada por la Central COS de la Comandancia de Ceuta, fue requerida para prestar apoyo a una patrulla militar en la identificación de cinco varones de nacionalidad marroquí, indocumentados, que manifestaban su voluntad de regresar a Marruecos. Los hechos se produjeron en la Explanada Muelle de Poniente.
Durante la intervención, uno de los cinco hombres arremetió contra uno de los guardias civiles, propinándole un fuerte empujón en el pecho. Cuando el agente intentó controlarlo, el individuo opuso una resistencia violenta y forcejeó, lo que obligó a intervenir a su compañero en su auxilio. La violencia ejercida por el ahora condenado alcanzó también a este segundo agente, y los tres acabaron cayendo al suelo. Pese a la agresión, los dos guardias civiles lograron reducirlo empleando, en todo momento, la mínima fuerza imprescindible.
Esta misma mañana, el agresor ha sido condenado a dos años de prisión y a la expulsión del territorio nacional, medida por la que el propio condenado ha optado.
Un militar, herido esta madrugada en la zona de Juan XXIII
El segundo episodio se ha producido esta misma madrugada, en torno a las 4:00 horas. Una patrulla militar procedía a la identificación de un grupo de personas migrantes que se encontraba en estado de embriaguez y que ofreció resistencia. Uno de los integrantes del grupo, al intentar huir, empujó a uno de los militares, que cayó entre las rocas de la zona de Juan XXIII. Como consecuencia de la caída sufre fractura de peroné y lesiones en el hombro.
Los hechos serán puestos en conocimiento de la autoridad judicial. Los presuntos responsables no fueron detenidos en el momento porque los propios compañeros del herido, al escucharlo gritar de dolor por la fractura, dieron prioridad a atenderlo antes que a la contención del grupo. Una decisión que lo dice todo sobre quiénes están al otro lado del uniforme.
¿Es esto lo que se llama "inseguridad subjetiva"?
Se insiste desde algunos despachos en describir lo que ocurre en Ceuta como una cuestión de percepción, de sensación, de inseguridad "subjetiva". Cabe entonces preguntarse: ¿es subjetiva una muñeca lesionada? ¿Es subjetivo un peroné fracturado entre las rocas? ¿Es subjetiva una condena de dos años dictada en cuestión de horas? Para quienes patrullan la frontera cada noche, y para los vecinos que viven a pocos metros de ella, la inseguridad no es un matiz semántico. Es un parte de lesiones. Es una guardia que termina en Urgencias. Es un barrio en el que a las cuatro de la madrugada pasan cosas que nadie quiere nombrar.
El problema no es la actuación de los agentes, es el marco en el que se les obliga a actuar
Y aquí está el fondo del asunto. Estos episodios se repiten a diario, pero el guardia civil que interviene en Ceuta lo hace sabiendo que cualquier gesto suyo será examinado con lupa, mientras la agresión que ha sufrido se diluye en la estadística. Se le exige contención absoluta, proporcionalidad milimétrica y sangre fría, y se le da a cambio plantillas insuficientes, medios escasos y un respaldo institucional que llega tarde o no llega.
Que las dos intervenciones de estas últimas horas hayan terminado sin un solo exceso no es casualidad ni suerte: es el resultado directo de la preparación y el adiestramiento de nuestros compañeros. Son, literalmente, súper agentes, porque solo así se explica que aguanten una agresión, reduzcan al agresor con la mínima fuerza imprescindible y acaben ellos en el centro de salud. Pero una plantilla no puede sostenerse indefinidamente sobre el heroísmo individual de quienes la componen.
Lo que AUGC exige
Desde AUGC reclamamos refuerzos permanentes de efectivos en Ceuta, no despliegues temporales que se retiran cuando baja el foco mediático; medios materiales adecuados a la realidad de la frontera; protección jurídica efectiva y acompañamiento real para todo agente agredido; y el reconocimiento definitivo de la profesión de riesgo para quienes asumen, cada día, este nivel de exposición.
A la ciudadanía
A los vecinos de Ceuta, que conviven con esta situación mucho antes de que salga en los titulares, les decimos que sus guardias civiles están, siguen estando y van a seguir estando. Y les pedimos algo concreto: no dejen que esto se normalice. Cuenten lo que ven, apoyen a quienes les protegen y exijan, con nosotros, que la seguridad de una ciudad española no dependa de que los agentes pongan el cuerpo donde el Estado debería poner los medios.