Siete metros en el asfalto: el precio invisible de proteger a los demás

Una guardia civil ingresa en la UCI tras ser arrollada por un autobús mientras investigaba un accidente de tráfico. Su historia es la de miles de compañeros que cada día se ponen entre el peligro y la sociedad, sin los medios ni el reconocimiento que merecen.

El pasado día 13 de mayo, por la tarde, en una vía de servicio cualquiera, una guardia civil salió volando siete metros. No lo hizo porque se equivocara. No lo hizo por descuido. Lo hizo porque estaba exactamente donde se supone que debe estar un agente de tráfico: en medio, entre el caos y los demás.

Su compañero lo vio venir. Tenía una linterna en la mano y la agitaba con fuerza. Gritó. Hizo todo lo que se puede hacer cuando tienes un autobús encima y ninguna barrera entre tú y él. El autobús esquivó el coche parado. A ella no llegó a tiempo.

Está en la UCI del Hospital Ramón y Cajal. Le han reparado la aorta. Le quedan más operaciones por delante. Está estable, afortunadamente. Pero "estable" es una palabra muy fría para lo que significa sobrevivir a que un vehículo de varios toneladas te lance por los aires mientras haces tu trabajo.

Lo que nadie verá en los informativos

No habrá rueda de prensa. Probablemente no habrá portada. Porque esto no es noticia en el sentido en que lo entiende el mundo: no hay villano con nombre y apellidos, no hay escándalo político, no hay imagen impactante que vender. Solo hay una mujer con uniforme que esta mañana no ha despertado en su casa, y una familia que anoche tuvo que escuchar palabras que ninguna familia debería escuchar jamás.

Esto pasa. Pasa más de lo que se cuenta. Y pasa, en gran medida, porque los agentes de tráfico de la Guardia Civil siguen trabajando sin personal suficiente, en ocasiones tomando medidas sin apoyo de más patrullas porque no existen o porque se priorizan otras labores que desde AUGC llevamos años denunciando, ¿qué valoración tiene en las estadísticas del subsector el permanecer regulando en apoyo a los compañeros y compañeras que investigan accidentes? Cero. En vías donde los límites de velocidad cambian y los conductores no los respetan, y donde el único escudo entre el tráfico y la escena del accidente es el cuerpo de un guardia civil.

La vocación no puede ser el único escudo

Hay una palabra que se usa mucho cuando se habla de la Guardia Civil: vocación. Y es cierta. Nadie se pone ese uniforme por accidente. Nadie se planta en una carretera a las tres de la madrugada, con lluvia y camiones pasando a centímetros, porque le hayan obligado. Lo hacen porque creen en lo que hacen. Porque alguien tiene que hacerlo.

Pero la vocación no detiene un autobús. La entrega no suple la falta de personal. Y el amor al servicio público no puede seguir siendo la excusa para no dar a estos profesionales lo que necesitan para volver a casa.

Llevamos años reclamando desde AUGC la clasificación como profesión de riesgo. No es un capricho. Es una realidad estadística, jurídica y, sobre todo, humana. Es lo que le ha pasado a nuestra compañera. Es lo que le puede pasar mañana a cualquier otro.

Para ella, y para todos los que siguen ahí fuera

Esta noche hay guardias civiles en todas las carreteras de España. Están señalizando accidentes, controlando velocidades, gestionando el caos que deja la vida cuando se tuerce. La mayoría de los conductores que pasan a su lado ni siquiera levantan la vista. No saben sus nombres. No saben lo que arriesgan.

Ella lo sabía. Lo sabe. Y aun así estaba ahí.

Fuerza, compañera. Recupérate. Que cuando vuelvas, encontrarás a AUGC exactamente donde siempre: peleando para que esto no le vuelva a pasar a nadie.

💚 Toda la familia de la Guardia Civil está contigo.