Un ataque al domicilio, no al uniforme

No se trata de una pintada en la vía pública ni de una consigna genérica. El objetivo elegido ha sido el espacio privado de un guardia civil, el lugar donde vive con los suyos. Señalar el domicilio de un agente es cruzar una línea que ninguna sociedad democrática puede tolerar, porque persigue un único fin: generar miedo, aislamiento y la sensación de estar vigilado incluso al llegar a casa.

AUGC recuerda que este tipo de acciones no son inocuas ni anecdóticas. Constituyen el primer eslabón de una escalada que, cuando se normaliza, acaba derivando en hostigamiento y en agresiones. La experiencia de décadas en otros territorios así lo demuestra.

Exigencias de AUGC

La asociación reclama:

  • La investigación inmediata de los hechos y la identificación de sus autores, con valoración de la posible comisión de un delito de odio (artículo 510 del Código Penal) al dirigirse el ataque contra una persona por razón de su pertenencia al Cuerpo.

  • Protección efectiva para el compañero afectado y su familia, así como la revisión de las medidas de seguridad en los entornos residenciales de los agentes destinados en Ceuta.

  • Que la Dirección General de la Guardia Civil se persone y ampare al agente, sin dejar que sea él quien afronte en solitario las consecuencias personales y jurídicas de un ataque recibido por su condición profesional.

  • Una condena institucional expresa de todas las administraciones y de todas las fuerzas políticas, sin cálculos ni matices.

Ceuta, un contexto que exige responsabilidad

Los guardias civiles destinados en Ceuta llevan meses sosteniendo la frontera sur de Europa en condiciones de sobrecarga permanente, con déficits de plantilla y de medios que AUGC viene denunciando desde hace años. A ese desgaste no puede sumarse ahora el de sentirse señalados en su propio portal.

AUGC, antes que nadie, ha defendido siempre que la seguridad de quienes garantizan la seguridad de todos no es un asunto menor. Quien ataca el domicilio de un guardia civil no discrepa: intimida.

La asociación se pone a disposición del compañero afectado para asistirle jurídicamente y no descarta ejercer las acciones legales que procedan.